miércoles, 1 de mayo de 2013

OCNOS, LUIS CERNUDA.


“Desde siempre tuviste el deseo de la casa, tu casa, envolviéndote para el ocio y la tarea en una atmósfera amiga…
Un día… la fuiste levantando en torno de ti, sencilla,  clara, propicia: la mesa, el diván, los libros, la lámpara -atmósfera que llenaban con su olor algunas flores de temporada.
 Pero era demasiado ligera, y tu vida demasiado azarosa, para durar mucho. Un día, otro día, desapareció tan inesperada como vino. Y seguiste rodando por tantas tierras, alguna que ni hubieras querido conocer. Cuántos proyectos de casa has tenido después, casi realizados en otra ocasión para de nuevo perderlos más tarde.
 Sólo cuatro paredes, espacio reducido como la cabina de un barco, pero tuyo y con lo tuyo, aún a sabiendas de que su abrigo pudiera resultar transitorio; ligera, silenciosa, sola, sin la presencia y el ruido ofensivos de esos extraños con los que tantas veces ha sido tu castigo compartir la vivienda y la vida; alta, con sus ventanas abiertas al cielo y a las nubes, sobre las copas de unos árboles.
 Pero es un sueño al que ya por imposible renuncias, aunque sea realidad de todos a la que no puedes aspirar. Tu existir es demasiado pobre y cambiante -te dices, escribiendo estas líneas de pie, porque ni una mesa tienes; tus libros (los que has salvado) por cualquier rincón, igual que tus papeles. Después de todo, el tiempo que te queda es poco, y quién sabe si no vale más vivir así, desnudo de toda posesión, dispuesto siempre para la partida.”

           De “La casa” .

       
   “Hay destinos humanos ligados con un lugar o un paisaje. Allí en aquel jardín, sentado al borde una fuente, soñaste un día la vida como embeleso inagotable. La amplitud del cielo te acuciaba a la acción; el alentar de las flores, las hojas y las aguas, a gozar sin remordimientos.
          Más tarde habías de comprender que ni la acción ni el goce podrías vivirlos con la perfección que tenían en tus sueños al borde de la fuente. Y el día que comprendiste esa triste verdad, aunque estabas lejos y en tierra extraña, deseaste volver a aquel jardín y sentarte de nuevo al borde de la fuente, para soñar otra vez la juventud pasada.”



          Luis Cernuda se encuentra en Alba de Tormes y visita la iglesia-convento de las carmelitas, en la que se encuentra la celda en la que murió Teresa de Jesús. Y lo que allí ve –“la trama de tal fantasmagoría”- y el recuerdo de aquella “criatura sin par”…”de la que importa menos lo que hizo que lo que era”, le lleva a decir:
          “Una vida que no necesita ni pide escenario alguno, mucho menos el de la corrupción mortal, sino que la dejen contagiar a los suyos su desear imperecedero, sutil y tenaz, oculta como la flor en la soledad del libro, desde donde su presencia suscita la orilla remota, la raíz  junto a la faz del agua creadora, manando en arroyos y torrentes para nutrir un pensamiento vegetal y celestial”.
          


          “Siendo joven, bastante tímido y demasiado apasionado, lo que le pedía a la música eran alas para escapar de aquellas gentes extrañas que me rodeaban, de las costumbres extrañas que me imponían, y quién sabe si hasta de mí mismo.
          Pero a la música hay que aproximarse con mayor pureza, y sólo desear en ella lo que ella puede darnos: embeleso contemplativo.”
          




“…consideras en el recuerdo aquellos carritos blancos del vendedor de helados que, a la tarde, aparecían sonando alegres, para atraer compradores, su airecillo de caja de música, infantil, delicioso, trivial.
…El recuerdo de unos días placenteros, de una experiencia afortunada en nuestro existir, puede cristalizar en torno a un objeto trivial que, al convertirse indirectamente en símbolo de aquel recuerdo, adquiere valor mágico.”


“Entre la sombra de la playa anduve largo rato, lleno de dicha, de embriaguez, de vida. Pero nunca diré por qué. Es locura querer expresar lo inexpresable.”
        
  Luis Cernuda, “Ocnos”.




martes, 30 de abril de 2013

ANTONIO COLINAS, POEMAS I.


Enfermos de palabrería,
no cesamos de definir sin definir.
Nadie mira hacia el cielo.
Nadie lee en la tierra.
Nadie escucha la agonía del murmullo de los manantiales.
Van y vienen, sin pausa, los políticos,
dan vueltas y más vueltas al planeta,
mas ellos aun no creen
que los coeficientes planetarios
de podredumbre
sean los suficientemente preocupantes.

         
          Del poema “Meditación en el Simposio”.


                                                                                 Fotografía: Dariusz Klimczak.

                                      FE DE VIDA
Esperar junto a este mar en el que nacieron las ideas
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.     

Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.   

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.    

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.    

Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –¡al fin!– pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

                   

Hoy comienzo a escribir como quien llora.
No de rabia, o dolor, o pasión.
Comienzo a escribir como quien llora
de plenitud saciado,
Lloro por tener cerca una mujer,
por el agua de un monte
que suena entre cipreses en un lugar de Grecia;
lloro porque en los ojos de mi perro
hallo la humanidad, por la arrebatadora
música que quizá no merecemos,
Comienzo a escribir y también la escritura
llora, porque respira y quema, porque pasa.
Contemplo una llama muy quieta en la penumbra
de suaves jardines,
a la orilla de un mar calmo y antiguo,
y me voy encendiendo con la dicha
de saber que no existe otra verdad
que no sea esa llama, es decir,
la del amor que es don y que es condena.


          Del poema “La llama”.

                                                                      Fotografía: Georgui Pinkhass.


Me pedís que os diga cómo sois, 
cuando esta noche larga he velado pensando en cómo sois, 
pensando en cómo soy,…
No os diré cómo sois, pues simplemente sois.

Sólo quiero, por eso, 
deciros lo que habréis de recordar:
recordad y salvad vuestra quietud; 
si en el norte, a la sombra temblorosa del álamo; 
si en el sur, en la brisa del naranjo;
recordad cómo pasa el huracán por el junco,
y el junco no se inmuta, y el junco no padece.
Porque el junco es flexible…

Si a vuestra vida un día llegase el huracán,
si hoy llegó el huracán a vuestras vidas,
respirad en su furia con quietud, hondamente,
 y esperad. 
Ahora, más que nunca,
 sed flexibles, 
sed junco, aroma, luz.

          Del poema “Si a vuestra vida un día llegase el huracán” –dedicado a sus hijos-. 


   
Nos ha llegado el mal como un cuchillo airado
en sótanos de sombra,
mas casa y corazón están abiertos.
Una vez más tuvimos que poner
amor donde amor no se encontraba.
Y no hay mordaza, dardo, aguja, hiel,
que no pueda fundir la hoguera musical
que, de monte a monte, hoy propaga el otoño.

…Hoy hemos recibido la visita del mal,
mas pronto hemos tenido que enterrarlo.
…A solas nos tuvimos que beber
el vino que sacamos para el huésped,
el dulce vino del más hondo olvido.

          De “La visita del mal”.


   



¿Qué nos queda, teniéndolo ya todo,
sino abatirnos y besar la luz,
o en ella deshacer nuestra palabra,
que debiera  también
ser sólo mansa, como el aire leve?.
… 
Todo es manso en el mundo,
mas la vida en nosotros habrá de ser combate
hasta que la palabra recupere
fogosa mansedumbre.
A veces, con los ojos
húmedos de mirar tanta belleza,
el cerebro también se torna manso.
Entonces, todo es sacro en su unidad,
uno con todo es la palabra mansa.

Y si el cuerpo osara levantar
su vuelo más allá, más allá todavía,
si los labios callasen para ser
ocaso en el ocaso,
si oyésemos rendidos el silencio,
el mundo sería al fin hoguera de lo manso. 

                                   Del poema “Descenso a la mansedumbre”.

                                                                                        Fotografía: Piotr Kirol.




lunes, 29 de abril de 2013

VENDRAN MÁS AÑOS MALOS Y NOS HARÁN MÁS CIEGOS, RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO.


En otro tiempo yo creía que “entender” quería decir bastante más de lo que a mí me pasaba cuando en verdad estaba entendiendo igual que los demás…Al cabo de los años empecé a sospechar que cuando los demás dicen que entienden en realidad están viendo ese vago resplandor, esos contornos de humo, esas difuminadas sombras que yo nunca habría osado antaño designar como “entender”. Y empecé a sospecharlo porque la otra hipótesis sería que yo soy tonto y, a estas alturas, una infamia semejante tendría que haber llegado a mis oídos o supondría una doble e imperdonable canallada: una canallada por parte del Creador, porque al que no se le concede inteligencia debería proveérsele por lo menos de humildad, para que no se rían de su atrevimiento, y una canallada por parte del prójimo, por no habérmelo hecho saber o tan siquiera dejado delicadamente adivinar a tiempo.

         

          
Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere.
****
(E.T.) El mundo se nos va volviendo tan ajeno y tan inhóspito, que pronto seremos los hombres, los terrestres mismos, los que mirando y señalando al planeta más remoto digamos: “¡Mi casa! ¡Mi casa!”.
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Aquel que en última instancia se halla siempre dispuesto, si es preciso, a no vacilar en imponer su autoridad más valdría que desistiese ya desde el principio de querer empezar por intentar ser escuchado. Si en el límite está la violencia, todo el resto es ya también violencia.
****
(Imble, 1.) Nadie logra meterme tanto espanto como esos que gustan de decir con una espeluznante complacencia: “Es un proceso ab-so-lu-ta-men-te i-rre-ver-si-ble”. Toda esa serie de palabras que empiezan por “in” y terminan por “ble”: irreversible, imprescriptible, inalienable, inamovible, irrenunciable, inexorable, ineluctable, etc., ¡no sé qué especie de lívida oscuridad pretende convocar en derredor de todo el horizonte, sulfurando la atmósfera de tanta malevolencia y amenaza!

          



“Nadie logra meterme tanto espanto como esos que gustan de decir con una espeluznante complacencia: “Es un proceso ab-so-lu-ta-men-te irre-ver-si-ble”. Toda esa serie de palabras que empiezan por “in” y terminan por “ble”: irreversible, imprescindible, inamovible, inexorable, ineluctable, etcétera, ¡no sé que especie de lívida oscuridad pretende convocar en derredor de todo el horizonte, sulfurando la atmósfera de tanta malevolencia y amenaza! No se diría, en verdad, sino que todas ellas quieren al fin decir una y la misma cosa, cual si hubiesen nacido de una única palabra, que se multiplica en ejército para rodearnos y aterrorizarnos.”

        



No sé quiénes tendrían que producirnos más horror: si los del “Caiga quien caiga”, los del “Aquí va a haber que tomar una determinación” o los del “Esto lo arreglo yo en veinticuatro horas”. ¡Díos, pero qué tenebrosamente españolas suenan estas frases! ¿Qué tradición de rencor inextinto, de maldad infligida o padecida, ha podido dejar en el alma de los españoles un poso tan siniestro?
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Lo más despreciable y bellaco de la famosa frase de Goethe: “Prefiero la injusticia al desorden”…la verdadera vileza de la frase consiste en claudicar ante el dilema, en no rebelarse airado…Quien no haya comprendido que el dilema es ya destino, ya fatalidad, ha renunciado a la mera posibilidad de albedrío.

          




“Pero ¿qué mayor prueba de que el futuro está ya escrito que la del periódico de cada mañana? ¿Cómo, si no, podrían pasar todos los días exactamente 32 páginas de cosas? Un mecanismo tan tenaz e indefectible no puede ser más que algo muy premeditado: resulta inconcebible como improvisación. Por eso, sólo el día en que venga algún periódico con, por ejemplo, tres páginas y trece diecisieteavos de páginas en blanco o bien dos páginas y ocho onceavos de página de más empezaré a pensar que tal vez es posible que, con todo, pueda en algún sentido hablarse de que hay, en cierto modo, porvenir.”

          





(Reiterativo.) Como la fealdad se muestra tan sorda, tan pertinaz, tengo que repetir siempre las mismas cosas, indefinidamente. De los dos –quiero decir, de la fealdad y yo-, el primero en cansarse seré probablemente yo, pero por defunción, no porque le conceda a ella la última palabra.
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(¡Qué confusión!) ¿Quién más lleno, más enjoyado, más pagado, más venturoso que el vencedor? Y, sin embargo, todavía parece que todos los demás le son deudores.
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(Never more.) Decir que el tiempo todo lo cura, vale tanto como decir que todo lo traiciona. ¿Sabré sobrevivir sin traicionar? (11-IV-85.)
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Donde me veo no es en las tinieblas, sino en la opacidad; las tinieblas serán oscuras y espantables, pero están vacías, tienen distancias infinitas, por las que uno puede precipitar o vagar eternamente. La opacidad empieza a medio centímetro de la superficie de mi cuerpo y es de pared maciza y tan infinitamente gruesa como honda la tiniebla, pero de cal y canto.
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Cuando la acción se ha vuelto inercia y rutina, ya sólo la omisión es resistencia, deliberación y libertad.



(Ver y mirar, 1) Hay una terrible forma de ceguera que muy pocos advierten: la que permite mirar y llegar a ver, pero no ver inmediatamente sin mirar. Aquel ver sin mirar era como besarla o estar besándola, sin antes haberse dicho “La voy a besar”. Así era el campo hace no sé cuántos años, cuando todavía era campo, campo de verdad, y no paisaje. Así era, sí, en verdad, el campo; no se miraba, tan sólo se veía. Hoy todo está emponzoñado de doblez; amagamos, hacemos fintas como espadachines; ningún impulso nace ya puro y directo…Por eso, aunque mire y vea y crea llegar a ver lo que veía antaño, mi paseo por estos campos que siempre creí mi patria, mi querencia animal, son ya como el paseo de un ausente por unos campos desaparecidos.



No ha de extrañar que el ánimo en que me pone la mañana sea, cada días más decididamente, el de correr en el acto a presentar mi dimisión irrevocable. Pero no puedo darme tal satisfacción, porque no existe el organismo idóneo para una dimisión como la mía”.
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“Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere”.
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“(E.T.) El mundo se nos va volviendo tan ajeno y tan inhóspito, que pronto seremos los hombres, los terrestres mismos, los que mirando y señalando al planeta más remoto digamos: “¡Mi casa! ¡Mi casa!”.
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“No hay nada que pueda impresionarme tan desfavorablemente como el que alguien trate de impresionarme favorablemente.”


                             "Vendrán más años malos y nos harán más ciegos"











domingo, 28 de abril de 2013

FRANCISCO PINO. POEMAS I.



cuando la inteligencia
se pone,
la maravilla de la noche llega.
todo lo que no se veía, al fin
se ve. el silencio canta
y el vacío sostiene
los cuerpos luminosos.
entonces, de la nada surge
el todo , y se aparean
para que todos nazcan de la mente
que, sin conocimiento
ya,
feliz,
ordeNA
          


1. Me han mirado los ojos del niño, qué sabor he sentido de cueva
tan pequeño, tan prieto, tan íntimo.
2. Me han mirado los ojos del niño y he sabido de pronto qué es todo;
qué es el dentro y el fuera, la carne y el vidrio.
3. Yo no sé ya si vivo mas sé qué es la vida, la casa, este sitio 
que habito y el mundo.
Y es porque me han mirado los ojos del niño.

          FRANCISCO PINO, de “Antisalmo 28”.


ANTISALMO 40
1.    El barrendero va al Ayuntamiento al amanecer. Coge los bártulos. Barre.
     El Alcalde va al Ayuntamiento al mediodía. Empuña el abrecartas. Se sienta. Algo está ocurriendo.
2.    El Alcalde dice: Vd. No ha barrido, barrendero. Yo me he sentado.
     El barrendero baja la cabeza y barre. Algo está ocurriendo.
3.    El Alcalde se va a las siete al teatro.
     El barrendero mira al teatro y barre delante. Algo está ocurriendo.
4.    El Alcalde se acuesta a las doce. Se duerme, no sueña.
     El barrendero se acuesta a las doce. Le duelen los riñones. Y sueña que está barriendo junto a una estrella. Algo está ocurriendo.
5.    La luna está arriba,
     Debajo.

     FRANCISCO PINO, “Antisalmos”, 1978.




ANTISALMO 64
1.    Si tú eres el que debes ser junta tu rostro
     al de los otros. Junta tu rostro.
2.    ¿No sientes horror al tuyo propio
     solo? Junta tu rostro.
3.    Y nacerá tu nombre propio,
     junta tu rostro,
4.    éste: Juntosseremossomos
     y tu apellido, éste: Mundodetodostodo; junta tu rostro.
5. La luna está arriba,
     debajo.
               Nota al versículo 4º del antisalmo 64: Y entonces, cuando consigas este nombre y este apellido común, entonces…todos los nombres serás tú; las arenas, las arenas serás, incontables, tú.
               

Así viví los años, sin vivirlos,
ajustado a los peces y a los mirlos,
a los deslices y a los silbos varios.

Jamás supe si fui diamante o turba,
transparente o tupido, recta o curva;
sé que viví tan sólo de adversarios.
           Del poema “Como frenado”.



Cuántas ganas de vivir
          por lo otro
          que estrénase en mí.

Me lleva hacia el brote
          otra savia
Soy hacia    soy hacia

Soy voy soy voy     mas sin mí
          cuántas ganas tengo
          de ¿vi
                    vir?

          Francisco Pino, de “Canción sin mí”.

          En la foto, dos maestros, Miguel Delibes y Francisco Pino.

dice la piedra: Grises.
Y el gorrión grita: ¡Verdes!

Lo efímero del ala
contra el arco perenne;
dice la piedra: Nunca.
Y el gorrión grita: ¡Siempre!

          Del poema “Cementerio y gorrión”.



Dormido está el pájaro, el pájaro solitario;
en la rama más alta, dormido está;
en la rama invisible de la copa invisible,
de la copa del árbol invisible.

Ya no le ven mis ojos.
Ya su sueño en la noche está sumido;
ya es una esfera, una esfera de amor;
ya, ya rueda su olvido.

          “Última canción de mis ojos”.

El airecillo trae el sueño. Le trae por las hojas altas.
El sueño tiene el elástico caminar el tigre: su hermosa faz.
Al sueño, ¿quién le domina?
Me lleva donde yo nada puedo ni sé.

Donde yo nada puedo ni sé y comienzo a participar de la Naturaleza y su poder,
donde, como la savia, soy alabanza en el color verde de la hoja.

Donde ya nada puedo ni sé y comienzo a participar del tiempo y su energía, de la Historia y su experiencia;
donde, como la sangre, soy alabanza en la forma del gusano o en la música del pájaro.

Donde ya nada puedo ni sé y comienzo a participar del fluir y su inteligencia;
donde, como alfaguara, soy alabanza en el borbotón que con el sol se junta.

Al sueño no le domino,
me domina.
Como a hoja que mueve el aire, siento a su paso elástico, suavísimo.
Ya lo que siente la hoja que mueve el aire, siento.

           “Hacia el sueño”, de “Vida de San Pedro Regalado.Sueño”.


El ritmo de lo humano él lo condensa,
cofre es de aquello que la mente piensa,
donde la eternidad se guarda breve.

Si el corazón se ofrece en esa altura,
respire en esa cima la ternura,
mitíguese mi ardor sobre esa nieve.
          Del poema “El pecho”.



         En la mañana de Julio me pregunté, ¿por qué?
Descansando a la orilla del Duero me pregunté, ¿por qué?
¿Por qué es esta orilla distinta a las otras orillas de
los otros ríos y sin embargo…?
Sin embargo, este álamo, esta amapola, no son distintos.
¿Por qué se estremece mi corazón al modular
mis labios las sílabas de cualquiera de los
nombres de esta orilla hálleme donde me halle?

          De “Vida de San Pedro Regalado. Sueño”.

¿Fuente?
No,
¡pared
celeste!
(Los labios que se te acerquen
tendrán más sed).
          FRANCISCO PINO




¿Habrá algo más hermoso que quedarse sin huellas?
Sólo el pájaro sabe de esta gracia…

          Francisco Pino, del poema “Las huellas”.

                                                                Fotografía: Masao Yamamoto.
hoy somos tú y yo del mismo género
          algo más que gramática
          (igual el fuego en ti que en mí 
          igual el aire en ti que en mí
          igual el agua en ti que en mí
          ¿en quién la tierra? ¿en ti o en mí?)
                    otro sexo nos une
                    idéntico uno superior David
                    con su honda ¿quién no entiende?

          Del poema “Otro sexo”.

                                                           Fotografía: Martin Iman.

            IDEAL
Ideal de mi canción:
¡tomar de este espacio brasa
y dársela al corazón!

          


 LA RENDIJITA
Rendijita sutil, apenas nada,
español que te escapas como puedes
de tu edad y sus fórmulas; tu instinto
contra el poder ¿de dónde viene? Hondo

se inscribe en los temores que te roen
y aflora en esa bacanal de un solo.
Entre príncipes y entre purpurados
te escurres por tu propia humana grieta.

De pronto un hálito, una bocanada
de aire limpio se llega hasta la historia
con un tacto de arenas ancestrales
y se oye que respira bajo tierra

qué simiente inmortal: ¿posible patria?

           “Cuaderno salvaje”, 1983.