sábado, 27 de abril de 2013

LO QUE CUENTA ES LA ILUSIÓN, IGNACIO VIDAL-FOLCH.


Barcos en la arena.
Apoyado en la baranda de cara al desierto estaba un hombre delgado, bajo, bien plantado.
Era mediada la tarde de un día laborable, y el hombre observaba el panorama monótono del desierto, y casi al pie del mirador, la hilera de los nueve barcos.
Esa hilera de barcos oxidados y cubiertos de grafiti de tiza, apuntando con la proa hacia las dunas y, más allá, a la invisible orilla del mar que cada año se aleja unos metros más, constituyen una instalación artística sin parangón en el mundo, a la que si se le tuviera que reprochar algo sería la excesiva evidencia de su deprimente agonía. Barcos en la arena.
Le he dado conversación. Se llama Sailov. Me cuenta que décadas atrás él fue piloto de uno de esos barcos…”El desastre –me dijo- empezó a notarse  en 1975. En ese año ya ibas a bañarte a la playa y el agua llegaba hasta determinada altura, digamos hasta la línea de ese matorral; y a la mañana siguiente volvías y comprobabas que había retrocedido un metro…Y antes de que te dieras cuenta el mar era una línea en el horizonte, y al día siguiente había desaparecido de la vista.
“Sí, claro que conozco el nombre de esos barcos. Ese es el “Andulka”; ése, el “Atrevido”; el más grande es el mío, el “Gaviota”; ése otro es el “Rosa de los vientos”….

          

          Fotografía: Barcos en el Mar de Aral (Autor desconocido)

Cuando se habla de  “El malestar de la cultura” me zumban los oídos. “¿Es a mí?”
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No queremos saber lo que pasa ni lo que nos aguarda. Lo que queremos es que vaya pasando el tiempo y al fondo, bajo la puerta, la ilusión de una rendija de luz.
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Este retraso en comprender la verdadera naturaleza de las relaciones entre el individuo carismático con la política de los pueblos a los que dirige, y este retraso en el diagnóstico fisiognómico correcto, prueban nuestra mala lectura  -mi mala lectura- de las apariencias. Debería recordar que aquel rostro me engañó cada vez que siente la tentación de emitir un juicio.
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Encantador nomenclátor de Lisboa…Por todas partes se alzan los signos de que fue la metrópoli de un imperio colonial. Es una ciudad vacía, pensativa, en pronunciado declive; el vecino da pasos lentos por cuestas adoquinadas, concediéndose pausas para descansar, para fumar, acodado en los miradores que se abren al océano inmenso, a la terrible verdad.
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A veces me parece que el centro de Europa, con toda su malvada hipocresía y donde todo está pautada hasta la respiración, es preferible al sur.
Pero claro, esta preferencia responde al hecho de que nací y vivo en Barcelona.
Turgueniev cita en “Humo” un refrán ruso: “Se está bien allá donde nosotros no estamos”.
Pessoa dice algo parecido en el poema sobre la carretera de Sintra: “…allí la vida debe de se feliz sólo porque no es la mía”:
          A vida ali deve ser feliz, só porque não é a minha.

         

Toda la noche oíamos a los peces jugar.

Regresamos a Tashkent…Estaba entrando en su casa un señor bajo y obeso, con una perilla canosa, vestido con una túnica y un caftán negro, con bordados dorados; ha querido saber quién soy, de dónde vengo y qué hago aquí, y me ha invitado a “tomar el té”…Me ha parecido entender que se llama Kaled.
…Se acuerda de los veranos de su infancia.
-Toda la noche oíamos  a los peces jugar. Toda la noche oíamos a los peces saltar y jugar. Los peces de aquí, comparados con los de otros mares, eran muy grandes y sabrosos, porque comían la hierba del lecho del mar, ¿sabes?, y esa hierba les daba un sabor muy especial. Todos mis vecinos eran pescadores y cada dos por tres me pasaban un cubo lleno de pescados. Los vecinos también cazaban aves en los cañizales. Había unos roedores de piel muy fina, que salían del mar y se te metían en la casa…Sus pieles servían para hacer gorros. Había también muchos patos, gansos, caza. Todo ha desaparecido.”
…Antes de abandonar la casa he vuelto a ver, bajo el banco de madera y junto al polvoriento montón de botellas de wodka, la canoa.
-¿Aún la guarda?
-Sí, la conservo, porque ¿yo no sé si el mar regresará mañana?...No tiro la canoa. Cuando llegue el agua, yo podría hacer vida otra vez bajo la parra; podría plantar vid…
-Así que usted cree…
-¡Sí, creo que el mar volverá!

          



Desde la ventana veo a Andrés caminando por la acera de enfrente, ensimismado, aislado en esta tarde invernal, entrado en años, solo, envuelto en su soledad.
¡Ah, pero no es él, sino alguien que se le parece!
¡Está el pobre hombre tan solo que ni siquiera es él mismo sino alguien parecido!
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En la tele, un bestial militar de un país africano sumido en la guerra civil le dice a un subalterno, mientras a punta de fusil conducen a unos jóvenes a ametrallarlos en una esquina:
-A ese dispárale al pecho, no a la cabeza, que quiero quedarme su gorra.
Y en efecto los matan, y el bruto reaparece en pantalla, sonriente, luciendo en la cabeza la gorra roja.
Me ha recordado a la maestra de un pueblo de León a la que fusilaron durante la guerra civil y luego la mujer de uno de los asesinos andaba por el pueblo luciendo su abrigo.
Es el verdugo de García Lorca, que se quedó con su reloj y su cartera, según cuenta Trapiello.
Lo llamativo en estas tres anécdotas es la descompensación: el desequilibrio entre el mal que se causa y el beneficio que se extrae de ello: una gorra, un abrigo, un reloj. Son casos de fetichismo inverso, fetichismo de magia negra, talismanes del mal que atraen a los demonios imbéciles.

      

En tierras de Josep Pla. Llofriu. El cementerio. Un día soleado, caluroso. La tumba está “un poquito abandonada –me advirtió una vecina- .¡Después de todo lo que hizo por el pueblo!”, agregó en un tono compungido que suena a moneda falsa…
Por encima de la tapia asoman dos cipreses desmochados, cipreses que para nada se proyectan al azur como el de Silos que deslumbró a Gerardo Diego; no, cipreses bajos, chatos, muy propios de Pla…
En lo alto de la pared hay un azulejo con un dibujo ingenuo. El texto dice: “Ruta Josep Pla. 10: el cementiri”. Y un poco más abajo: “La Caixa”. (“La Caixa” no es el ataúd de Pla, sino el banco patrocinador de la ruta.)
Que la ruta turístico-cultural integre como última etapa el cementerio es una ordinariez, pero vaya y pase. Lo sensacional es que no sólo el venerable escritor sino todos los muertos del cementerio hayan sido reclutados como soporte de la publicidad de un banco. Ese azulejo le deja a uno estupefacto.

          

                                                           
 En la foto, tumba de Josep Pla.






 “El éxito es la capacidad de ir de error en error sin perder el entusiasmo”, lo dijo Churchill durante la segunda guerra mundial. Creo que es una definición exacta y que explica con claridad por qué estamos condenados.

         

                                                                               Fotografía: Manel Armengol.

Respetarse a uno mismo  –no mucho: basta un poquito-  es lo único que cuenta. Al que consigue esto tan difícil es imposible herirle de verdad, incluso su propio hundimiento puede parecerle majestuoso, y que zozobra como el “Titanic”: con la orquesta sonando.

                             "LO QUE CUENTA ES LA ILUSIÓN".
          

                                                                  Fotografía: Claudia Guadarrama.








jueves, 25 de abril de 2013

PAPÁ, DAME LA MANO QUE TENGO MIEDO. LEOPOLDO MARÍA PANERO.


Leopoldo María Panero, por Ana María Moix.

Con una imaginación portentosa y un don visionario casi sólo otorgado a los espíritus tocados por lo sagrado, el verbo de Panero nos acerca a lo abismal. Ya en sus libros de poemas, o en prosa, como el presente “Papá, dame la mano que tengo miedo”, un Panero rabioso, iconoclasta, desesperado, cargado a veces de un humor más que negro, subversivo…eleva un canto lleno de denuncia, pero carente de odio. Un canto hecho de reflexiones demoledoras, un canto terrible, sí, pero canto al fin. Un canto estremecedor, pues no en vano habla de lo humano y del mundo creado por el hombre, pero lo hace con la hermosa insatisfacción de quienes aún viven transidos por la nostalgia del paraíso insensatamente perdido. O, más exactamente, insensatamente echado a perder. Un paraíso que ya sólo es capaz de llorar el ángel caído.




Mi alma está sola, está sola y llueve contra mi alma, y sopla el viento sobre mi alma, y el insecto de la vida está solo y llora destruyendo al alma. Y tú cantas, cantas en las noches canciones sin alma…Mientras tanto la vida transcurre afuera y las horas pasan con hambre de vivir…
…oh terror de vivir o estar solo, estar tan solo contra el llanto, estar solo sin el menor llanto, espuma sólo en los labios de un idiota.

     

Mi caso es el del extraño escritor más solo que la una, extranjero en su patria, como  dijera Rosalía de Castro. Escritor con un complejo de castración infantil del tamaño de una catedral. Un escritor cansado, muy cansado, en un país de estafadores y ladrones donde, por lo visto, prohibir el cuerpo representa la única virtud.
…Si por algo estoy en literatura es para averiguar hasta dónde puede llegar la vida, si se la fuerza en exceso. Si por algo estoy en el verbo es para saber qué se hizo del vino y del grito, del relincho del perro y del horizonte de la ausencia.

         

          
Tan sólo quiero una palabra más, sólo una palabra más para esculpir a solas un árbol para la nada. El castigo es este encierro, lo sé bien, pero el peor castigo es el silencio, sin apelación posible, sin poder respirar, sin poder comunicar…
…Mi vida no merece el nombre de vida, no hay rastro en ella de lo que significa la palabra vida, y en el manicomio no se puede suplicar, no se puede pedir gracia…La vida es usura, lágrima de la voz contra el hombre, lágrima del mundo destruido, humo que dora el agua…
…Yo estoy al otro lado de la vida, al otro lado del tiempo, al otro lado del espejo y, como dijera Azúa de viva voz, vuelvo a repetirlo: “Lo que importa es saber de qué lado del espejo se está”. Yo estoy al lado de la fuente, negando cualquier espejo, haciendo de mi vida salto en el vacío, águila sobrevolando la ruina…

          



Y una voz escupe en mitad de mis sesos la palabra “giligloria”, insulto entre gilipollas y gloria. Y sueño entonces que he vivido y me llamo de algún modo. Y sueño que estoy aquí…alguien ubicado al otro lado de lo humano, porque como dijo una vez Félix de Azúa: “Lo único importante es saber de qué lado del espejo se está”…Y mañana será otra vuelta de tuerca, otra vuelta de tuerca más a la bondad humana. Y es como si ya sólo quedasen añicos de mi alma, restos de mi alma…mientras unos locos mugrientos me piden con voz de sapo un cigarrillo para encender la ceniza de su alma, para reírse de mí al otro lado del espejo, para reírse del bien y de la vida, para reírse del Diablo y de Dios, para reírse con semen ajeno entre los labios de aquello mismo que pudieron llegar a ser.

         




No me mires esta noche a los ojos. Ana María, no me mires, por favor, ya que sigo enamorado de ti. Dime tú, Ana Maria Moix, ahora que estamos solos en la noche, sin mirarme a los ojos, dime quién soy. No se puede entrar en una página como se entra en una tabaquería. No hay huida, Ana María, ni evasión, ni posible sueño, y el hombre de la tabaquería sigue sonriendo a nuestra costa. Y una voz escupe en nuestros sesos la divina palabreja “giligloria”, que es un insulto bellísimo entre gilipollas y gloria.

En el largo viaje por mar del que provengo, tengo derecho a mi cansancio y mis heridas.
…porque todos los hombres encuentran alguna manera de vengarse del mundo, y la mía, ya lo sabes, sólo puede ser escribir.




Estoy solo en la sombra, antes de oír a alguien a mi espalda que me susurra a mi oído las sílabas del miedo: “Papá, dame la mano que tengo miedo”…Nadie puede salvarme ya, nadie puede curarme, el fluir de la conciencia es mi lodo y mi vida. Los pájaros vuelan sobre el papel, mi frente me cae a los pies y me la recojo, precipitadamente, para después volver a colocármela sin que nadie se dé cuenta…Algún día volveré, sólo para pedirte que me des la mano, porque mi padre ya no está.

          Leopoldo María Panero, “Papá, dame la mano que tengo miedo”.





miércoles, 24 de abril de 2013

NICANOR PARRA, PARREANDO.


HABLA EL MINISTRO DEL RAMO
No nos hacemos eco
De comentarios malintencionados:
Hasta un niño de pecho sabe
Que la lombriz solitaria de la extrema pobreza
Viene de los gobiernos anteriores

Reconocemos que el índice de desocupación
Es algo + alto de lo deseable
Pero nos hacemos un deber en recordar
Que la Moneda –palacio de- no es una agencia de empleos

Camas no faltan en los hospitales
Lo que sucede es que sobran enfermos…
Hay un número exagerado de enfermos en este país
La verdad de los hechos
Es que debido al alto nivel de excelencia
De nuestros servicios hospitalarios
Los enfermos no mueren oportunamente

Siguen vivos
                    Aunque en precarias condiciones
Ocasionando múltiples problemas


         Con sus falsas promesas, con sus extrañas fantasías
Con sus dolores sabiamente simulados
Lograron retenerme entre sus redes durante años
…Hasta que una noche mirando por la cerradura
…volví a la realidad con un sentimiento de mil demonios.
                                
                                   Del poema, "El túnel".



         IMAGEN DE MI PADRE
Yo tenía un fiel amigo
de lento mirar cansado
triste como un jardinero
y puro como un relámpago.

Tenía las manos suaves
como el corazón de un pájaro
al andar casi danzaba
y hablaba casi cantando.

Como ríos paralelos
vagábamos por los campos
yo lo confundía a veces
con la sombra de algún árbol.

El cielo que lo cubría
no podía ser más alto
y el nardo azul de su alma
no podía ser más nardo.

Si hubiera sido de agua
¡qué compañero tan claro!
serenos como sus ojos
nunca se verán dos lagos.

Amigo dulce dormido
que nunca será olvidado
ni en el día en que se cierren
para mí todos los astros.


 LO QUE YO NECESITO URGENTEMENTE
es una María Kodama
que se haga cargo de la biblioteca

alguien que quiera fotografiarse conmigo
para pasar a la posteridad

una mujer de sexo femenino
sueño dorado de todo gran creador

es decir una rubia despampanante
que no le tenga asco a las arrugas
en lo posible de primera mano
cero kilómetro para ser + preciso

o en su defecto una mulata de fuego
no sé si me explico: honor y gloria a los veteranos del 69!
con una viuda joven en el horizonte
el tiempo no transcurre
¡se resolvieron todos los problemas!
el ataúd se ve color de rosa
hasta los dolores de guata –barriga-
provocados x los académicos de Estocolmo
desaparecen como x encanto


    
 MACEDONIA

Un joven periodista
Cree reconocer a Borges
En la rambla de Montevideo

Perdone señor
                    Es Ud. Borges?
Y el venerable anciano respondió:
A veces…

Así era Borges
Una vez alguien tocó el timbre
De su modesto dpto de Buenos Aires

Quién?
          pregunta Borges
Un desconocido de unos 30 años de edad, Sr Borges
Le contesta su secretario

Y el venerable anciano exclamó:
Cómo!
¿Que todavía queda gente de 30 años?

Un curioso se le acercó una vez en la calle:
Perdone Sr. Borges
Le podría hacer una pregunta?
Ya la hizo
          respondió Borges
Y apuró el paso


    “Mi postulado fundamental proclama que la verdadera seriedad es cómica:
          La seriedad con el ceño fruncido
          (Se lee en uno de los antipoemas)
          Es una seriedad de solterona
          La seriedad con el ceño fruncido
          Es una seriedad de juez de letras
          La seriedad con el ceño fruncido
          Es una seriedad de cura párroco
          La verdadera seriedad es otra:
          La seriedad de Kafka
          La seriedad de Carlitos Chaplín
          La seriedad de Chejov
          La seriedad del autor del Quijote
          La seriedad del hombre de gafas
          (Érase un hombre a una nariz pegado
          Érase una nariz superlativa)


    
“Mucho se habla de derechos humanos
Poco
Nada casi sobre deberes humanos
Primer deber humano
Respetar los derechos humanos
           Del poema “A continuación”.
          



Nadie tiene derecho a sonreír
En un mundo podrido como éste
Salvo que tenga pacto con el Diablo.
^^^^
Un joven periodista
Cree reconocer a Borges
En la rambla de Montevideo
          Perdone señor
                    Es Ud. Borges?
Y el venerable anciano respondió:
A veces…
^^^^
Mucho se habla de derechos humanos
Poco
Casi nada sobre deberes humanos
Primer deber humano
Respetar los derechos humanos.



Que mi salud es débil, 
Que no resisto los rigores del trabajo intelectual, 
Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me 
equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las 
ciencias y las magias del arte, 
Que soy descuidado para con mi persona, 
Que no me baño con regularidad 
Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control, 
Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres 
de espíritu, 
Que he favorecido más de lo justo y necesario a los 
enfermos, 
Que he permanecido largas horas en los cementerios 
Disfrutando paganamente de la soledad y del silencio 
consagrado a los muertos, 
Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido 
el rostro de los ídolos, 
Que he vuelto ebrio al templo y caído dormido en los 
bancos de las plazas y en los tranvías, 
Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios 
innecesarios. 

            NICANOR PARRA, “Ejercicios respiratorios”, 1943.




  
SE CANTA AL MAR

Descendimos del tren …
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca,
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba,
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
"Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,
El mar que baña de cristal la patria.
No sé decir por qué, pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir, sin sospechar siquiera,
La magnitud real de mi campaña,
Eché a correr, sin orden ni concierto,
Como un desesperado hacia la playa
Y
en un instante memorable estuve

Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas,
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
En la verdad sin fin de la distancia,
Sin que en mi ser moviérase un cabello, 
¡Como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.
Desde ese entonces data la ferviente
Y
abrasadora sed que me arrebata:

Es que, en verdad, desde que existe el mundo,
La voz del mar en mi persona estaba.

          NICANOR PARRA, de “Poemas y antipoemas”,1954


 UNA SOLA PREGUNTA
Cuándo piensan erigirme una estatua
Ya estaría bueno
La paciencia también tiene su límite
Sin estatua me siento miserable
Pero x favor que sea de barro
Para que dure lo menos posible
Yo soy un hombre que ha sufrido mucho
Más de lo que delatan las arrugas
Sólo creando mundos me consuelo


IX.
Ya desaparecieron los tranvías
Han cortado los árboles
El horizonte se ve lleno de cruces
Marx ha sido negado siete veces
Y nosotros todavía seguimos aquí.
XVI.
Aforismos chilenos:
Todas las pelirrojas tienen pecas
El teléfono sabe lo que dice
Nunca perdió más tiempo la tortuga
Que cuando tomó lecciones del águila.
Y el viajero que mira para atrás
Corre el serio peligro
De que su sombra no quiera seguirlo.

          Nicanor Parra, de “Cartas del poeta que duerme en una silla”.


          

Rechazo los astros, las edades, la muerte,
Y atraigo hacia mí los débiles juncos, los mendigos,
el musgo.
          Nicanor Parra, “Ejercicios respiratorios”, 1943.






lunes, 22 de abril de 2013

LAS VOCES BAJAS, MANUEL RIVAS.


“A Zapateira”, en aquel entonces, era un gran espacio de misterio, una tierra de nadie poblada para nosotros por los seres de la imaginación, que a veces nos visitaban en forma de zorros, conejos, martas, serpientes, búhos o lechuzas. Era también el primer lugar donde el cuco cucaba. No existía todavía ninguna carretera ni club de golf. Hasta que los hicieron, la carretera y el campo de golf. Y los veranos subía la comitiva motorizada de Franco. Todo el monte escudriñado por cientos de guardias. De repente, se ponían firmes en sus puestos de vigía. Pasaba el zumbido acorazado del Caudillo. Las compactas carrocerías negras, como catafalcos rodantes, con los vidrios ahumados. En aquel convoy de veranos, nunca distinguimos ningún rostro. Con los años, se extendió la ocupación catastral y fue desapareciendo del monte la salvaje compañía. Quedaba el cielo. La imaginación de las nubes. El viento zarandeando a los cuervos. Los cuervos burlándose del viento.

                    

Ahora estamos con la profesora Luz Pozo en el instituto. Entra con Luz una estela erótica en el aula, que tiene como sello especial el producir más calma que excitación. Eros, bien guiado, se posaba en la materia de estudio…Pero una cosa es hablar de literatura y otra muy diferente oír la boca de la literatura. Y eso fue lo que oí, con toda nitidez, cuando Luz Pozo relataba lo que estaba sucediendo, justo en ese momento, en la huerta de Ítaca, cuando la memoria se fundía en el manuscrito de la tierra…porque Ulises convence al ciego e incrédulo Laertes de que en verdad es su hijo cuando es capaz de recordar los árboles que el padre le había nombrado en la infancia en la huerta de Ítaca…higueras, manzanos, perales, vides.

         

Darle tiempo a lo sagrado. Es el tiempo de llegar a lo excéntrico. Cuando escribo, voy a pie. Decidido, contento,  de vez en cuando una cereza. Hasta que las piernas tiemblan porque allá en el fondo se ve el muro. Y el agujero en el muro.


         

                                                                             Fotografía: Dariusz Klimczak.


El faro.
Era la luz de un ser vivo. Despertaba en el crepúsculo, como un murmullo luminoso, y vivía de noche….El faro de Hércules, el faro de Breogán, daba luz y al tiempo tenías la sensación de que guardaba el envés de todo lo que lamía…las sombras, los secretos, los sueños. Tal vez todavía los guarda. Debajo del faro, en un osario de la luz. Las intermitencias, las aspas luminosas, recorrían los tejados, entraban por las láminas de las persianas, destellos pasajeros que guillotinaban el techo, pero que luego hacían más oscura la oscuridad. La linterna del faro cosía lo de fuera y lo de dentro, la vigilia y el sueño. El mar infinito y las habitaciones angostas.

          

          En la foto, faro Torre de Hércules. Autor: Santiago Rodríguez.

Mi madre era muy callada porque hablaba sola. Y no daba molestias. Cuando no trabajaba, se encerraba en el desván de la Casa Grande a leer vidas de santos y santas. Se metía en aquella cámara oscura y busca una lanza de luz en las tejas para su felicidad clandestina, la literatura de las vidas extremas, radicales, locas, extraordinarias. Ser serían santos y santas, pero lo que ella leía, o por cómo lo leía, eran en vida mujeres hechiceras, raras, y hombres excéntricos, con viento en las ramas.


No sabemos bien lo que la literatura es, pero sí que detectamos la boca de la literatura. En los libros, en la vida. Esa boca raramente avisa antes de abrirse. Tiene la forma de un rumor. De un murmullo. Incluso puede estar cerrada, herida, y sentir cómo en ella enjambran excitadas las palabras. Puede ser una boca tuerta, pintada, voluptuosa, deshidratada. Puede ser escandalosa, incontinente, enigmática, malhablada, balbuciente. Lo que no puede querer es dominar. Es una boca siempre excéntrica. Sola o en grupo, habla sola. Su movimiento interior es el de la danza en la que los cuerpos se contraen y extienden, al tiempo que giran. La boca murmura el poema de Rosalía: 
          “¡De aquellos puntos     
          que hacen ahora
          de afuera adentro
          de adentro afuera!”

         

Pensé en la ironía transgresora que no se despide nunca, que traspasa los velatorios, que intenta acompañar incluso en el Más Allá, cuando leí en la tapia de un cementerio de la costa una pintada en brea que dice de los muertos: “¡FURTIVOS!”
¿O sería un grafito de los muertos a los vivos?

          

Yo saber sabía que mi hermana tenía una relación especial con las palabras. Recolectaba palabras y las llevaba todas para casa. Se ve por la separación de los dientes, en las primeras fotografías, que lleva la boca llena de palabras. Debía de ser una cosa de familia. Mi madre también era verbívora. Hablaba sola de una manera que nos fascinaba, sin ser ella consciente, incluso sin saber que la oíamos…Fuera lo que fuese, era algo extraño, hechizante, sí, pero también perturbador. Era la boca de la literatura, sin avisar.



          Manuel Rivas, de “Las voces bajas”.









domingo, 21 de abril de 2013

LOS POBRES DE PEDIR, JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO.


LOS POBRES DE PEDIR

 

Muchas veces cuando ya habíamos jugado a todo, jugábamos al final a los pobres que era lo más difícil, porque a lo mejor nos entraba de repente la compasión.
Nos poníamos unas ropas viejas y cogíamos un saco para echárnosle a los hombros y salíamos a pedir. Hacíamos como que llegábamos a la puerta de una casa, y decíamos:
–¡Una limosna por amor de Dios!
Y entonces a veces nos decían:
–¡Dios le ampare, hermano! –y no nos daban nada.
Pero en otras casas nos daban un botón o unas recortaduras de patatas, o unas ortigas, que eran como si fueran berzas, y las mondajas como si fueran recortaduras de tocino. Y entonces decíamos:
–Dios se lo pague.
Y, cuando ya teníamos unos cuantos botones y muchas ortigas o mondas de patatas, íbamos a la posada y preguntábamos si podíamos acostarnos allí. Y decía la posadera:
–Vale dos duros.
Y la dábamos dos botones. Y luego preguntábamos:
–¿Y podría usted guisarnos estas viandas que traemos?
Pero la posadera decía:
–Ésas son porquerías para los cerdos.
Y nos las cogía y las tiraba. Así que entonces sacábamos otro botón para pagar la cena, y la posadera nos ponía un plato en una mesa y comíamos al pozo. Y ella decía:
–Antes de comer, se reza.
–Sí, señora –decíamos nosotros.
Y nos poníamos a rezar. Pero cuando ya estábamos rezando, se presentaban los guardias y decían:
–Quedan ustedes detenidos.
–¿Qué hemos hecho? –decía unos de nosotros.
Y respondía un guardia:
–Porque son ustedes pobres, y resultan peligrosos.
Entonces intentábamos escaparnos, pero decía la posadera:
–Eso no vale. Os tenéis que dejar llevar a la cárcel como los pobres de verdad, que es como es el juego.
De manera que los guardias sacaban del bolsillo una cuerda y nos ataban las manos, y así nos llevaban a interrogarnos que es lo más bonito porque contábamos la vida de pobre que teníamos y el hambre que pasábamos, y de dónde éramos, y el frío de los inviernos sin un techo donde guarecernos y sin tener a nadie en este mundo que nos amparase. Pero a veces, ya digo, nos entraba a lo mejor entonces, la compasión, y los mismos guardias decían:
–¡Bueno, bueno! ¡Que no se vuelva a repetir, y a ver si dejan ustedes de ser pobres!
Y nosotros contestábamos:
–¡Sí, señor!¡A ver!

          José Jiménez Lozano, de “El cogedor de ancianos”,1993.