miércoles, 19 de junio de 2013

CUANDO EL VIEJO SINBAD VUELVA A LAS ISLAS. ÁLVARO CUNQUEIRO.

…además que el timón va haciendo callo en tus manos, pero no en el corazón. Ahora todas las novedades son por mapa y aguja…y no encontrarás entre los pilotos uno que sepa navegar por sueños y memorias, y así no logran ver nada de lo que hay, de lo que es milagro y hermosura de los mares. ¡Fácil es decir que no hay Cotovías!

          Álvaro Cunqueiro, “Cuando el viejo Sinbad vuelva a las islas”.

     Fotografía: Arash Karimi.

En el mar no hay que admirarse de nada, después del milagro que es que se pueda andar por él en un atado de maderas y que se puedan tomar los vientos señoriales en unas lonas recortadas. El pez papagayo lo pesqué yo mismo a diecisiete leguas de Columbo. Es pez de fondos, pero las hembras salen mudas, y a los más de ellos no les hace gracia procrear en silencio allá abajo, y dejan ese trabajo a los machos que salen mudos, o tartamudos, o tácitos, que hay de todo, como en las familias, y los bien parlantes suben a la nata del mar, y andan cerca de las naos; no se pescan porque escuchan todo lo que hablan los marineros. El hablar de ellos es la cosa más graciosa que hay, porque hacen con su boca, que tiene pequeños labios encarnados, unas vejigas de aire, y las mandan fuera del agua: al salir estallan y vierten la palabra que llevan dentro, y en cada vejiga no caben más de dos sílabas, y así, si la palabra tiene tres o cuatro, hay que adivinar lo que falta. Dicen “golon” por golondrina, e “higue” por higuera, y su lengua siempre es arábigo letrado.



Era el tiempo de ataviar las naves para que los marineros se hiciesen al mar. El mundo era el mismo y era una novedad. ¡Salir por la fresca matinal! Yo, acariciaba en aquel duro banco mi corazón de ribereño del mar con el último verso de una oda de Horacio, en la que un gran almirante de antaño, que se llamó don Ulises de Ítaca, hablando con sus marineros les dice, y se le ve una mano alegre en el aire, "Cras iterabimus aequor", que se traduce por: "Mañana navegaremos al largo...".



Los mares arábigos piden conversación y les es igual cualquier lengua. ¡Ni que tuvieran diccionarios! En las más de las naves arábigas hay en el mayor un cesto, en el que uno va leyendo historias en voz alta durante todo el viaje.
…El mejor tiempo de andar en el mar es tras el monzón, cuando las aguas tiran a verde y vienen del Oeste las aves que huyeron de las lluvias. Los mares están tumbados al sol, cantando bajito. Reconocen los turbantes de los gloriosos pilotos de Alá y les mandan una ola espumosa de saludo a los valerosos que vuelven a las atrevidas navegaciones. Yo siempre llevo algún regalo al mar, ya sea una fruta o un clavillo de plata con el nombre de mi nave en la cabeza…Lo que no le gusta nada al mar es que lave en él sus pies el piloto. Le parece demasiada intimidad. En el mar siempre hay que estar como en visita.




Sinbad mató el candil, se metió en el lecho, y buscó en las memorias suyas un viaje para adormecer con él, y gustaba de buscarlos muy largos y detallados y no sabía dejar cabo suelto desde que salía a la solana suya haciendo visera con la mano, por ver cómo se levantara el mar aquella mañana, y qué viento lo peinaba, y por veces tenía que pararse, que no situaba en el cuento unos compañeros o una despedida, o de qué parte ancoraría la nave, o un fardo estaba puesto en cubierta que no dejaba pasar cómodo a proa, y estaba media hora dándole vueltas a aquel tropiezo, y cuando lo burlaba, entonces la nave y el sueño suyo encontraban franca vía, y adormecía en un repente, quedado y roncador, y si soñaba, lo que no acostumbraba, le subían los sueños en palabras a los labios, a pasearse. Si pudiéramos verlas, seguramente que eran palabras muy vestidas de colores, espuma de la memoria que Sinbad gastaba cada día, nueva y eterna espuma del mar mayor, rota en perlas relucientes por los vientos amigos que pasan cantando.

         


Tener un río como éste en la sequedad de las solana de la tierra, tal es encontrar en la flor de la madurez, cuando ya va uno con el saco suyo de vagabundo más que promediado de canseras y horas secretas y vientos perdidos, junto a las manos y a las mejillas, una sonrisa confiada, moza y amante: una mariposa juguetona que saliese con viento fresco de un descuidado ensueño. Un río así es medio vivir; fugitivo compañero, se lleva del alma los gérmenes de la melancolía.


            “Y dejó lugar abajo y al margen para que se apuntasen los marineros vacantes y que quisiesen salir con él.
-¡Dicen que te vas, mi Sinbad, señoría! –le gritaba el ciego Abdalá, que pedía siempre frente a la taberna del Cangrejo de Oro.
-¡Vuelvo al mar, amigo Abdalá Ibn Ismael al Malaquí! ¡Hazme un encargo! ¡Los pedidos de los ciegos traen suerte!
-¡Llévame de vigía, Sinbad! ¡No te lo digo por burla! A tientas lo conozco todo, hasta si el vino tiene agua, y por el oído sé dónde rompe el mar.¡Aún sirvo para algo, Sinbad!



…y no quiso ya más salir de su palacio,  y dio en gobernar el reino por medio de espejos y de agujeros, y ponía las leyes por adivinanza,  y tenía también pájaros oidores, que son unos mirlos de por allá que repiten todo lo que escuchan, y en cada casa de rico tenía cuatro o cinco, y por lunas los traía a la cámara secreta suya a examinarlos, y no le importaba nada lo que oían los mirlos suyos salvo que fuese política.



“…y si soñaba, lo que no acostumbraba, le subían los sueños en palabras a los labios, a pasearse”.



domingo, 9 de junio de 2013

J,C. ONETTI, ESCRITOS.


Durar frente a un tema, el fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo, hasta extraer, de él o de nosotros, la esencia única y exacta.
Durar frente a la vida, sosteniendo un estado del espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de la mesa de café.
Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino. Todo lo demás es duración fisiológica, un poco fatigosa, virtud común a las tortugas, las encinas y los errores.

          Juan Carlos Onetti, “Réquiem por Faulkner y otros artículos”.
          

         

           
El sexo es maravilloso, es una felicidad total si se emplea un producto que no se puede comprar en la farmacia: el amor. Para mí fue más importante que la literatura. Si no existieran las mujeres, hubiera escrito el doble de libros.
…Escribo a mano, siempre, y corrijo poco. Cortar, sí, mucho, pero corregir casi nada. Tengo una sensación visual, la de dibujar letras.
…Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces se murió para siempre; a veces, misteriosamente, renace. Eso lo he visto en muchas mujeres que la buena sociedad desprecia.
…Nunca iría a una peña literaria, las odio; nunca iría a dar una conferencia, para mí es vergonzoso. Y sigo detestando a esos “intelectuales” que opinan sobre todo y no son más que bocasucias.
…No sé lo que es la literatura. Para mí ha sido siempre una fuente de felicidad.

          Juan Carlos Onetti.


Es que mi imagen –ustedes me lo muestran- avanza, desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella.
JUAN CARLOS ONETTI, “Autorretrato”.


Hay un sólo camino. El que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo. Que comprenda que no tenemos huellas para seguir, que el camino habrá de hacérselo cada uno, tenaz y alegremente, cortando la sombra del monte y los arbustos enanos.
^^^^
Yo quiero expresar nada más que la aventura del hombre.
Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación.
…hay tres cosas que a mí me han sucedido, me suceden, que tienen similitud: una dulce borrachera bien graduada, hacer el amor, ponerme a escribir.
^^^^
Cuando un escritor es algo más que un aficionado…podrá verse obligado por la vida a hacer cualquier clase de cosa, pero seguirá escribiendo…Escribirá porque sí, porque no tendrá más remedio que hacerlo, porque es su vicio, su pasión y su desgracia.

          Juan Carlos Onetti, “Réquiem por Faulkner y otros artículos”.


Mi imagen y yo, no lo olvido, es el título de la composición que debo escribir para figurar en la selección de cabezas o jetas tan inmortales como latinoamericanas que ustedes quieren reunir en libro. Allá ustedes.
… En cuanto a mí, hace muchos años que aprendí el arte de afeitarme al tacto para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión…
Es que mi imagen –ustedes me lo muestran- avanza, desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando historias que no sean mías sino de ella.
Claro está que no reniego de mi cara; y los lazos sanguíneos y legales que nos unen me obligarán siempre a salir en su defensa, con justicia o no.

          Juan Carlos Onetti, “Réquiem por Faulkner y otros artículos”.



No soy estudioso ni crítico y jamás perdería el tiempo reflexionando sobre mis libros. Aseguro que nunca he releído una obra mía. Sí he hojeado alguna y el resultado siempre es dual: o me insulto por no haber trabajado más algún párrafo o me insulto diciéndome “que esto es muy bueno, que ya nunca volveré a escribir tan bien”.
…Si tuviera el poder suficiente, que nunca tendré, haría un solo cercenamiento a la libertad individual: decretaría, universalmente, la lectura obligatoria del “Quijote”.

          Juan Carlos Onetti.
          



Siempre sobrevivirá en algún lugar de la Tierra, un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. También estamos seguros de que ese hombre encontrará un público afectado por el mismo veneno, que se reúna para rodearlo y escucharlo mentir. Y será imprescindible que ese  supuesto sobreviviente preferirá hablar con la mayor claridad que le sea posible de la absurda aventura que significa el paso de la gente sobre la Tierra y que evitará, también dentro de lo posible, mortificar a sus oyentes con literatosis.

          Juan Carlos Onetti, “Réquiem por Faulkner y otros artículos”.
          

“Tal vez nos convirtamos en sirvientes de la cibernética. Pero sentiremos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la Tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. También estamos seguros de que ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por el mismo veneno, que se reúna para rodearlo y escucharlo mentir.”
          JUAN CARLOS ONETTI.


…todos los que vivían allí estaban condenados a esperar conmigo, sabiéndolo o no, boqueando como idiotas en el calor amenazante y agorero, atisbando la breve tormenta grandilocuente y la inmediata primavera que se abriría paso desde la costa para transformar la ciudad en un territorio feraz donde la dicha podría surgir, repentina y completa, como un acto de la memoria.

          Juan Carlos Onetti, “La vida breve”.
          En la foto, J.C.Onetti con Dorotea Muhr.

De Julio Cortázar a J.C. Onetti.
Paris, 12 de enero de 1980
Querido Onetti:
Una vez más encontré todo ahí, todo lo que te hace diferente y único entre nosotros. La gran maravilla es que el reencuentro no supone la menor reiteración ni la menor monotonía. Parecería casi imposible después de la saturación que dejan en la memoria tus libros anteriores, pero es así: todo es otra vez nuevo bajo el sol, mal que le pese al viejo Eclesiastés.
Con pocos escritores me ocurre eso. Los leo hasta un punto dado y después pienso, "muchachos, sigan solos, yo me corto en la esquina". Con los años, prefiero autores nuevos, probar otras marcas de whisky. Y ... pasa que tu novela [*] es eso, siempre whisky pero con un sabor que es el mismo y diferente. Pasa que una vez más has escrito un gran libro, y lo que parecía irrepetible se repite sin repetirse, si me perdonás esta jerga que busca abrirse paso y se enreda un poco.
Medina, carajo. Qué tipo sos, Onetti. En fin, tu libro lo voy a caminar mucho por las calles de Paris (ojalá, alguna vez, de Buenos Aires).
Un abrazo,
Julio


lunes, 27 de mayo de 2013

ADELAIDA GARCÍA MORALES, "EL SILENCIO DE LAS SIRENAS".

"Me siento subida a una extraña plataforma aérea, lanzada ya hacia la muerte. Y tú, Agustín, me destruyes. Mira cómo me haces enfermar: débil por ti, enloquecida por ti, que sólo me das tu silencio. Pero ya he aprendido a escuchar tu voz sin que me hables, y eso es lo peor. Pues ahora sé que tu silencio no es silencio, ni tu indiferencia, indiferencia. O quizá sólo sea mi esperanza disparatada que me hace inventar un fantasma, tú, con los sentimientos que deseo." 


“Había duendes negros danzando en el azul de aquella noche, y eras imposible al otro lado de un cristal azul. Azul mi tristeza y tu sombra, azul un hondo dolor sin lágrimas, azul tu silencio en mi pena. Y tus ojos…inmensos mares negros perdidos para mi esperanza.”

         

          
"Parecía que le bastaba con evocar a Agustín Valdés, con traerle a la realidad de las palabras para sentir que ,de alguna manera , estaba realizando su amor. Pues eran precisamente las palabras el único material mundano con el que iba construyendo su singular historia, y alimentando un sentimiento cuya realidad, viniera de donde viniese, era indiscutible"
"Cuando hablaba de su amor, lo hacía como si fuera el único o el primero de la humanidad(...) Yo sabía que su amor era real, extremadamente intenso, tan poderoso como para nutrirse sólo de sí mismo y de su portentosa imaginación"
"Anoche volví a soñar contigo Agustín- había escrito Elsa en su cuaderno-. ¿Soñar?, no estoy segura de poder nombrar así los lugares, objetos, paisajes, personas, palabras,  sucesos que se me aparecen  constituyendo esa otra vida que comparto contigo, no sé dónde ni cuándo, pero que me pertenece de la misma manera que ésta de todos los días"
" Le había impresionado en mensaje que le había llegado desde las páginas de La fugitiva de Marcel Proust: "Por los demás, en la historia de un amor y de sus luchas contra el olvido¿ no ocupa el sueño un lugar aún mayor que la vigilia(...) Pues, dígase lo que se quiera, podemos tener perfectamente en sueños la impresión de que lo que en ellos ocurre es real"
Adelaida García Morales, “El silencio de las sirenas”.




Pensé entonces que ciertas enfermedades podían, a veces, asomarse a un rostro en forma de arrebato o pasión, y también que, seguramente, una persona como ella era lo que la gente llamaría “loca”. Y, sin embargo, ahora, al recordarla, siento un profundo respeto por sus palabras, su esperanza, su dolor, su melancolía, su inapetencia, su abandono…Todo ello se engarzaba en el hilo de un sentimiento que quizá no fuera sino amor al Amor. Pues ahora estoy convencida de que era el amor, y no la enfermedad, lo que la hacía resplandecer de aquella manera.

         


“Si tú no fueras una sombra…si yo no te inventara…si te adivinara entre sueños y visiones surgidos de extrañas profundidades que hubiera en mí…Pero no puede ser. Tú eres sólo una sombra y ese es mi mal, pues las sombras no pueden morir.”


“Yo sé que tú eres eso que yo he visto y que ahora ensueño. A veces me pregunto cómo pueden los sueños tejer una historia que me va enredando más que la vida misma. Aunque, ¿acaso no son ellos mi vida?”

sábado, 25 de mayo de 2013

MAX AUB, ESCRITOS.

Pasarse todo, y de todo.
^^^^
Se ve con razones. Si no, ¡qué galimatías se nos echaría encima! Pero si sólo se viese con razones seríamos de piedra.
^^^^
La pintura no debe decir nada. Ha llegado la hora de hacer una pintura muda, una pintura sorda, una pintura abierta en canal: que enseñe sus tripas.
^^^^
El arte arde o no es.
^^^^
Ir contra el momento preciso, ir en contra de “ahora”, para dar a las cosas un estar perdurable.
^^^^
Con la materia nada podemos, queda la forma: para jugar.
^^^^
Devolver a la pintura su sentido mágico. Pintar amuletos. Pintar trampas en las que caiga lo representado, inmortal ya.
^^^^
¿Quién no pinta, sabiendo? Hay que llegar a una pintura que parezca que cualquiera pueda hacer y que sin embargo, sólo sabiendo se haga.


          Max Aub, “Jusep Torres Campalans –del Cuaderno verde, 1906.-“



          “Queda la imaginación, gran fortuna. Puestos a mentir,
hagámoslo de cara: que nadie sepa a qué carta quedarse. Solo en esa
inseguridad crecemos grandes, solos, cara a cara, con el otro.”
          Max Aub, “Jusep Torres Campalans.”



Todo nace de la ignorancia.
                    ^^
Sólo el que se declara vencido perece.
                    ^^
Ser molino, no molienda.
                    ^^
Ver la cara y en envés.
                    ^^
Hacer sombra y no estar en otra.
                    ^^
Conocimiento es saber; conocerse, arte.
                    ^^
En la duda no te abstengas nunca.
                    ^^
Sobreponerse, siempre.
          MAX AUB, “Aforismos en el laberinto”.

          En la foto, Efraín Huerta, Max Aub, León Felipe.

          “Queda la imaginación, gran fortuna. Puestos a mentir,
hagámoslo de cara: que nadie sepa a qué carta quedarse. Solo en esa
inseguridad crecemos grandes, solos, cara a cara, con el otro.”
          Max Aub, “Jusep Torres Campalans.”


          “Estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España, los únicos que, de verdad, se han alzado, sin nada, con sus manos, contra el fascismo, contra los poderosos, por la sola justicia; cada uno a su modo, a su manera, como han podido…Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides.”
          MAX AUB, “Aforismos en el laberinto.”
          

Max Aub llega a Cadaqués después de treinta años de exilio. Agosto de 1969.

Saliendo de Figueras la carretera se estrecha, sube. Serpentea. Todo es piedra. Mueren los árboles. Allá a lo lejos, abajo, enorme, azul, tranquila, suave, destrozada en sus bordes: la bahía de Rosas y el pueblo, que fue pequeño y casi nada, rodeado de rascacielos. Se traspone. Cadaqués. Cadaqués, lleno de gente. Cadaqués: su centro pequeño, su playa pequeña, su puerto pequeño, sus barcas pequeñas, sus bares pequeños y todo revuelto y roto por la música, la misma de París, la misma de Londres, la misma de Nueva York. Altavoces, gritos, movimientos aunque ahora nadie baile. Sábado a todo meter y beber.
…Vamos a cenar a casa de Carmen Balcells.  Una casa nueva, nueva, encantadora. Una cena esplendida. Parece que querían que cenáramos nosotros con los García López –Pepe García y  Carmina Pleyán-…pero irrumpen, habla que te habla, dando saltos y abrazos Gabo García Márquez, gordo, lúcido, bigotudo. Y la Gaba.
…Le recuerdo a Gabo que hoy -23 de agosto de 1969- se firmó el pacto germano-soviético.  Para él lo que importa es Checoeslovaquia.
Salimos al balcón, los balcones: el mar, la noche. Tiempo dulce. Maravilla.
Hablan y hablamos. No hay manera de oír, sí de entenderse.
-Estaréis cansados.
En el hostal, puros jóvenes impuros haciendo ruido, si agradables de ver, desagradables para el sueño. Sus padres deben andar por sus provincias. En vez de guerras, vacaciones. “El mundo adelanta que es una barbaridad”.
Ni siquiera pienso en que esta es mi primera noche en España desde hace más de treinta años. Además ¿esto es España?

          Max Aub, de “La gallina ciega”.


         

domingo, 12 de mayo de 2013

VICENTE HUIDOBRO, POEMAS.


Cómo hacer alegría hombres hombres
Si lleváis cada día adentro de una lágrima
Y en lágrimas se caen por el tiempo
Hombres hombres si aún estáis encadenados
Si supierais vosotros que uniendo vuestros sueños
Caería en pedazos la realidad pequeña y sin cimientos

La vida es vuestra estatua
La vida
Es vuestra es vuestra      Es de todos
La vida es nuestro canto en la fracción de tiempo que nos toca

          Vicente Huidobro, del poema “Pequeño drama”.

Dadme dadme pronto un llano lleno de silencio
¿Robinsón por qué volviste de tu isla?
De la isla de tus obras y tus sueños privados
La isla de ti mismo rica de tus actos
Sin leyes ni abdicación ni compromisos
Sin control de ojo intruso
Ni mano extraña que rompa los encantos
¿Robinson cómo es posible que volvieras de tu isla?

          Vicente Huidobro, de “Altazor”.


          Foto: collage-retrato de V.Huidobro con el manuscrito de “Altazor” al fondo.

Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad
          Vicente Huidobro, “Altazor”.


Ha de llegar el día…
en que tu corazón diga su risa de hojas simultáneas
Y se abra tan sencillo como esas flores
Que huyen de la noche y de las manos de los ciegos
Esas flores mudas de tanto color desesperado

No sé cómo explicarte la compañía de las maravillas
Que nunca debe abandonarnos
Que el mundo nos ofrece por todos sus contornos
En todos sus instantes subidos a nuestros cabellos
Entrados a nuestro corazón y entregados a nuestras manos
En alegría cotidiana o drama favorito

          Vicente Huidobro, del poema “Entre dos viajes”.


          En la foto, Vicente Huidobro (composición de autor desconocido)

La herida de luna de la pobre loca
La pobre loca de la luna herida
Tenía luz en la celeste boca
Boca celeste que la luz tenía

          Vicente Huidobro, “Altazor”.

          Fotografía: Artur Saribekyan.

LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE
Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
                                                                                    [otras  cosas...
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay
que guardar silencio Esperar en silencio

          VICENTE HUIDOBRO, DE “Últimos poemas”, 1948


Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas
Ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno
Quiero darte una música de espíritu
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles
Y estalla en luminarias adentro del sueño

          Vicente Huidobro, de “Altazor”.

                                             Foto: Página manuscrita de “Altazor”.

Razón del día no es razón de noche
Y cada tiempo tiene insinuación distinta
Los vegetales salen a comer al borde
Las olas tienden las manos
Para coger un pájaro
Todo es variable en el mirar sencillo
Y en los subterráneos de la vida
Tal vez sea lo mismo

          Vicente Huidobro, “Altazor –canto V-”.

                                                                           Fotografía: Masao Yamamoto.

¿Recuerdas cuando eras un sonido entre los árboles
y cuándo eras un pequeño rayo vertiginoso?

Ahora tenemos la memoria demasiado cargada
Las flores de nuestras orejas palidecen
A veces veo reflejos de plumas en mi pecho
No me mires con tantos fantasmas
Quiero dormir quiero oír otra vez las voces perdidas
Como los cometas que han pasado a otros sistemas

¿En dónde estábamos?  ¿En qué luz en qué silencio?
¿En dónde estaremos?
Tantas cosas tantas cosas tantas cosas

Yo soplo para apagar tus ojos
¿Recuerdas cuando eras un suspiro entre dos ramas?

          Vicente Huidobro, del poema “Imposible”.



Sigo las flores y me pierdo en el tiempo
De soledad en soledad
Sigo las olas y me pierdo en la noche
De soledad en soledad
Tú has escondido la luz en alguna parte
¿En dónde? ¿En dónde?
Andan los días en tu busca
Te buscan los caminos de la tierra
De soledad en soledad
Me crece terriblemente el corazón
Nada vuelve
Todo es otra cosa
Desbordará mi corazón sobre la tierra
Y el universo será mi corazón

          Vicente Huidobro, del poema “Balada de lo que no vuelve".






Silencio
          Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol

          Vicente Huidobro, final del canto I de “Altazor”.

          Fotografía: Dariusz Klimczak.

Soy bárbaro tal vez
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados
Poeta
Antipoeta
Culto
Anti culto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal espontáneo directo sangrando sus problemas
Solitario como una paradoja.
          Vicente Huidobro, “Altazor”.


Y ahora soy mar
Pero guardo algo de mis modos de volcán
De mis modos de árbol de mis modos de luciérnaga
De mis modos de pájaro de hombre y de rosal
Y hablo como mar y digo
De la firmeza hasta el horicielo
Soy todo montalas en la azulaya
Bailo en las volaguas con espurinas
Ondola en olañas mi rugazuleo

          Vicente Huidobro, “Altazor”.



Yo soy ese que salió hace un año de su tierra
Buscando lejanías de vida y muerte
Su propio corazón y el corazón del mundo

Salí hacia mi destino.

Oh poeta, esos tremendos ojos
Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino
Y que vuelve quizás con otro paso.
Hago al andar el ruido de la muerte
Y
si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido.

¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías

Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino 

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco
la palabra que aman los muertos

Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos

Miradme os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
Él mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí
donde se confunde la muerte con el canto del mar

Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte.

Oh hermano, nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.

          Vicente Huidobro, “El paso del retorno (fragmentos)”

          En la foto, Vicente Huidobro en la Plaza de San Marcos, Venecia.

El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden  las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio. Allí todo cobra nueva fuerza y así puede penetrar en la carne y dar fiebre al alma.
                    VICENTE HUIDOBRO , de Fragmento de una conferencia leída en el Ateneo de Madrid el año 1921.

                                                            Fotografía: Arash Karimi.