domingo, 12 de mayo de 2013

VICENTE HUIDOBRO, POEMAS.


Cómo hacer alegría hombres hombres
Si lleváis cada día adentro de una lágrima
Y en lágrimas se caen por el tiempo
Hombres hombres si aún estáis encadenados
Si supierais vosotros que uniendo vuestros sueños
Caería en pedazos la realidad pequeña y sin cimientos

La vida es vuestra estatua
La vida
Es vuestra es vuestra      Es de todos
La vida es nuestro canto en la fracción de tiempo que nos toca

          Vicente Huidobro, del poema “Pequeño drama”.

Dadme dadme pronto un llano lleno de silencio
¿Robinsón por qué volviste de tu isla?
De la isla de tus obras y tus sueños privados
La isla de ti mismo rica de tus actos
Sin leyes ni abdicación ni compromisos
Sin control de ojo intruso
Ni mano extraña que rompa los encantos
¿Robinson cómo es posible que volvieras de tu isla?

          Vicente Huidobro, de “Altazor”.


          Foto: collage-retrato de V.Huidobro con el manuscrito de “Altazor” al fondo.

Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad
          Vicente Huidobro, “Altazor”.


Ha de llegar el día…
en que tu corazón diga su risa de hojas simultáneas
Y se abra tan sencillo como esas flores
Que huyen de la noche y de las manos de los ciegos
Esas flores mudas de tanto color desesperado

No sé cómo explicarte la compañía de las maravillas
Que nunca debe abandonarnos
Que el mundo nos ofrece por todos sus contornos
En todos sus instantes subidos a nuestros cabellos
Entrados a nuestro corazón y entregados a nuestras manos
En alegría cotidiana o drama favorito

          Vicente Huidobro, del poema “Entre dos viajes”.


          En la foto, Vicente Huidobro (composición de autor desconocido)

La herida de luna de la pobre loca
La pobre loca de la luna herida
Tenía luz en la celeste boca
Boca celeste que la luz tenía

          Vicente Huidobro, “Altazor”.

          Fotografía: Artur Saribekyan.

LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE
Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
                                                                                    [otras  cosas...
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay
que guardar silencio Esperar en silencio

          VICENTE HUIDOBRO, DE “Últimos poemas”, 1948


Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas
Ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno
Quiero darte una música de espíritu
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles
Y estalla en luminarias adentro del sueño

          Vicente Huidobro, de “Altazor”.

                                             Foto: Página manuscrita de “Altazor”.

Razón del día no es razón de noche
Y cada tiempo tiene insinuación distinta
Los vegetales salen a comer al borde
Las olas tienden las manos
Para coger un pájaro
Todo es variable en el mirar sencillo
Y en los subterráneos de la vida
Tal vez sea lo mismo

          Vicente Huidobro, “Altazor –canto V-”.

                                                                           Fotografía: Masao Yamamoto.

¿Recuerdas cuando eras un sonido entre los árboles
y cuándo eras un pequeño rayo vertiginoso?

Ahora tenemos la memoria demasiado cargada
Las flores de nuestras orejas palidecen
A veces veo reflejos de plumas en mi pecho
No me mires con tantos fantasmas
Quiero dormir quiero oír otra vez las voces perdidas
Como los cometas que han pasado a otros sistemas

¿En dónde estábamos?  ¿En qué luz en qué silencio?
¿En dónde estaremos?
Tantas cosas tantas cosas tantas cosas

Yo soplo para apagar tus ojos
¿Recuerdas cuando eras un suspiro entre dos ramas?

          Vicente Huidobro, del poema “Imposible”.



Sigo las flores y me pierdo en el tiempo
De soledad en soledad
Sigo las olas y me pierdo en la noche
De soledad en soledad
Tú has escondido la luz en alguna parte
¿En dónde? ¿En dónde?
Andan los días en tu busca
Te buscan los caminos de la tierra
De soledad en soledad
Me crece terriblemente el corazón
Nada vuelve
Todo es otra cosa
Desbordará mi corazón sobre la tierra
Y el universo será mi corazón

          Vicente Huidobro, del poema “Balada de lo que no vuelve".






Silencio
          Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol

          Vicente Huidobro, final del canto I de “Altazor”.

          Fotografía: Dariusz Klimczak.

Soy bárbaro tal vez
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados
Poeta
Antipoeta
Culto
Anti culto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal espontáneo directo sangrando sus problemas
Solitario como una paradoja.
          Vicente Huidobro, “Altazor”.


Y ahora soy mar
Pero guardo algo de mis modos de volcán
De mis modos de árbol de mis modos de luciérnaga
De mis modos de pájaro de hombre y de rosal
Y hablo como mar y digo
De la firmeza hasta el horicielo
Soy todo montalas en la azulaya
Bailo en las volaguas con espurinas
Ondola en olañas mi rugazuleo

          Vicente Huidobro, “Altazor”.



Yo soy ese que salió hace un año de su tierra
Buscando lejanías de vida y muerte
Su propio corazón y el corazón del mundo

Salí hacia mi destino.

Oh poeta, esos tremendos ojos
Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino
Y que vuelve quizás con otro paso.
Hago al andar el ruido de la muerte
Y
si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido.

¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías

Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino 

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco
la palabra que aman los muertos

Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos

Miradme os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
Él mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí
donde se confunde la muerte con el canto del mar

Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte.

Oh hermano, nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.

          Vicente Huidobro, “El paso del retorno (fragmentos)”

          En la foto, Vicente Huidobro en la Plaza de San Marcos, Venecia.

El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden  las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio. Allí todo cobra nueva fuerza y así puede penetrar en la carne y dar fiebre al alma.
                    VICENTE HUIDOBRO , de Fragmento de una conferencia leída en el Ateneo de Madrid el año 1921.

                                                            Fotografía: Arash Karimi.












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