jueves, 2 de mayo de 2013

ANNA AJMÁTOVA, POEMAS.


Allí, más allá de la isla, más allá del jardín,
¿no volverán a encontrarse
nuestros ojos, tan claros como antes?
¿No me dirás de nuevo
          la palabra
                    que vence
                              a la muerte
                                       y que envuelve el enigma de mi vida?

          Anna Ajmátova, “Poema sin héroe”.

                                                                          Fotografía: Angela Bacon.

Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer –los labios morados de frío- que nunca había oído mi nombre salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al
oído (allí se hablaba sólo en susurros):
-¿Y usted puede dar cuenta de esto?
Yo de dije:
-Puedo.
Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro.
                                       (Leningrado, 1 de abril de 1957)

          Anna Ajmátova, “En vez de prólogo”.


Horas nocturnas en el escritorio.
La página vacía –de un blanco incorregible.
Mimosas con aroma de Niza y sur ardiente,
y en rayo de la luna un gran pájaro volando.

Trenzo apretado mi cabello para el sueño
-¡como si mañana necesitara trenzas!-
y ya sin tristeza miro por la ventana, más allá,
hacia el mar, hacia las pendientes arenosas.

         



No soy yo ésa, es otra quien sufre.
No lo resistiría yo. Que velos negros
cubran lo sucedido, que retiren
los faroles…
                    Noche.      (1940)

          Anna Ajmátova, de “Réquiem”.



Os veo, os  oigo, os siento:

a la que apenas pudo llegar a la ventana,
a la que no volvió a pisar la tierra en que nació,

a la que moviendo su hermosa cabeza
musitaba: “Ya vengo aquí como si fuera mi casa”.

Querría llamar a cada una por su nombre
pero requisaron la lista y no puedo hacerlo.

          Anna Ajmátova, de “Réquiem”.


       ¿Por qué lloras? Mejor dame la mano.
Prométeme venir a visitarme en un sueño.
Somos, tú y yo, como dos montañas..
No nos encontraremos, tú y yo, en este mundo.
Si sólo me enviaras, al filo de la medianoche,
un saludo con una estrella.

          Anna Ajmátova, del poema “En un sueño”.

                                                                                   Fotografía: Jan Saudek.

¿Qué fulgor invisible
nos encendió hasta la aurora?

          Anna Ajmátova.


 ¿Sobre cuántos abismos he cantado,
          en cuántos espejos he vivido?

                    Anna Ajmátova, del poema “Primera advertencia”.


TODO EN SU SITIO: EL POEMA, ALLÍ,
COMO LE CORRESPONDE, CALLA.
PERO SI UN TEMA APARECE DE PRONTO,
LLAMA EN EL CRISTAL CON LOS NUDILLOS
Y, A LO LEJOS, RESPUESTA A SU LLAMADA,
SUENA UN ALARIDO, GEMIDOS
Y SUSURROS, Y LA IMAGEN
DE UNOS BRAZOS QUE SE ALZAN EN CRUZ…

                    Anna Ajmátova, “Postfacio” de “Poema sin héroe”.



Todo se ha enturbiado para siempre
y no puedo distinguir
ahora quién es el animal, quién la persona
…Y sólo hay flores cubiertas de polvo
…y huellas
desde algún lugar a ninguna parte.

          Anna Ajmátova.

Un día al despertar nos damos cuenta
de que apenas recordamos el camino hacia esa casa perdida,
y ahogados de vergüenza y de cólera
corremos hacia ella, pero (como en los sueños)
todo es ahora distinto; las personas, los objetos, las paredes,
y no nos conoce nadie: somos extranjeros.

          Anna Ajmátova, del poema “Cuarta elegía del Norte”.

                                                                 Fotografía: Angela Bacon Kidwell.

Ya ves, Dios mío, estoy cansada
de vivir, de morir, y de volver a vivir.
Despójame de todo, pero déjame, aún una vez,
Aspirar la frescura de esa  rosa encarnada.

          Anna Ajmátova, del poema “La última rosa”.











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