sábado, 4 de mayo de 2013

MARINA TSVETÁIEVA, POEMAS.


A la cita contigo llegaré
aunque tarde. Recogeré
la primavera, llegaré con el pelo gris.
La has fijado muy arriba.

          Marina Tsvetáieva, del poema “Una cita”.

                                                       Fotografía; Masao Yamamoto.

Entreveo, evoco casi sin comprender.
Como si nos hubieran echado del festín.
-¡Nuestra calle! -¡Cuántas veces nosotros…!
¿Nuestra? Ya no. ¿Nosotros? Ya no.

          Marina Tsvetáieva.

                                                                   Fotografía: Leszek Paradowski.

Mi día es desordenado y absurdo:
al mendigo pido pan,
al rico le ofrezco una limosna.

En la aguja enhebro un rayo de luz,
al ladrón le doy la llave,
con polvos blancos encubro mi palidez.

El mendigo no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no pasa por la aguja.

El ladrón entra sin llave,
y la tonta llora a lágrima viva
ese día sin gloria, día inútil.
29 de julio 1918
Marina Tsvetáieva.

                                                                       Fotografía: Francesca Woodman.

La pasión según Marina Tsvetáieva.

CADA MAÑANA

Cada mañana, Marina barre con la mano los papeles y los libros de su escritorio. Cada mañana, conscientemente ahuyenta de su cabeza todos los asuntos de la vida cotidiana. Cada mañana llena una pequeña taza con café y se lo bebe casi hirviendo. Cada mañana, con la cabeza reposada y vacía de preocupaciones, Marina se sienta ante la mesa y se pone a escribir, consciente de su responsabilidad como escritora, de su destino de poeta. Es como una obrera que cada día de tal hora a tal hora se sienta ante su máquina; y es como una escolar, porque escribe siempre con una pluma de escolar común; nunca usará estilográfica.
Con su letra menuda y redonda, Marina va llenando un cuaderno tras otro. En ellos inscribe sus poemas, sus narraciones, sus ensayos. Y si no tiene dinero para comprarse un cuaderno, se lo cose ella misma. Todo lo que escribe, lo hace con la misma autoexigencia como si el texto fuera destinado a ser publicado. Las cartas, que forman parte importante y destacable de su obra, son tan creativas como sus poemas. Y cualquier circunstancia de su vida, cualquier pena, cualquier urgencia, queda subordinada a la hora de trabajar. El acto de escribir, para Marina, es sagrado. Cada mañana, ése es su ritual. Cada mañana de su vida, sin excepción.


Monika Zgustova.

                                                                            En la foto, Marina Tsvetáieva.










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